Divino Niño Jesús
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Día 1: El Verbo se Hizo Carne

El Verbo eterno se hace carne y habita entre nosotros, revelando la gloria de Dios llena de gracia y de verdad

Oración Diaria al Divino Niño Jesús

Señor Dios, Rey omnipotente: en tus manos están puestas todas las cosas. Si quieres salvar a tu pueblo, nadie puede resistir a tu voluntad. Tú hiciste el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene; tú eres el dueño de todas las cosas. ¿Quién podrá, pues, resistir a tu majestad? Señor, Dios de nuestros padres: ten misericordia de tu pueblo, porque los enemigos del alma quieren perdernos y las dificultades que se nos presentan son muy grandes. Tú has dicho: "Pedid y se os dará. El que pide recibe. Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá. Pero pedid con fe." Escucha, pues, nuestras oraciones. Perdona nuestras culpas. Aleja de nosotros los castigos que merecemos y haz que nuestro llanto se convierta en alegría, para que, viviendo, alabemos tu santo nombre y continuemos alabándolo eternamente en el cielo. Amén.

Lectura Bíblica
Juan 1:1-18

1En el principio ya existía la Palabra; y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. 2Él estaba en el principio con Dios. 3Por medio de él, Dios hizo todas las cosas; nada de lo que existe fue hecho sin él. 4En él estaba la vida y la vida era la luz de la humanidad. 5Esta luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no han podido apagarla.

6Hubo un hombre llamado Juan, a quien Dios envió 7como testigo, para que diera testimonio de la luz y para que todos creyeran por lo que él decía. 8Juan no era la luz, sino uno enviado a dar testimonio de la luz. 9La luz verdadera que alumbra a toda la humanidad venía a este mundo.

10Aquel que es la Palabra estaba en el mundo; y aunque Dios hizo el mundo por medio de él, los que son del mundo no lo reconocieron. 11Vino a su propio mundo, pero los suyos no lo recibieron. 12Pero a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios. 13Y son hijos de Dios, no por la naturaleza ni los deseos humanos, sino porque Dios los ha engendrado.

14Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros. Y hemos visto su gloria, la gloria que recibió del Padre, por ser su Hijo único, abundante en amor y verdad. 15Juan dio testimonio de él, diciendo: "Éste es aquel a quien yo me refería cuando dije que el que viene después de mí es más importante que yo, porque existía antes que yo."

16De su abundancia todos hemos recibido un don en vez de otro; 17porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero el amor y la verdad se han hecho realidad por medio de Jesucristo. 18Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, que es Dios y que vive en íntima comunión con el Padre, es quien nos lo ha dado a conocer.

Reflexión

En el silencio eterno antes del tiempo, el Verbo ya estaba con el Padre, portando el pleno esplendor de la vida divina. Después, en la humildad del sí de una joven mujer, ese mismo Verbo plantó su tienda entre nosotros. No vino simplemente de visita; se hizo carne, frágil, hambriento, capaz de lágrimas y de risa, de cansancio y de asombro. El Infinito entró en lo finito sin reducirse, el Santísimo abrazó nuestro polvo sin mancha, el Eterno aceptó tener un cumpleaños en el tiempo. Esta es la verdad sobrecogedora que contemplamos: Dios no envió a un mensajero; vino Él mismo, revistiendo su divinidad con nuestra humanidad para que nuestra humanidad pudiera ser revestida con su divinidad.

Toda lámpara del sagrario que parpadea en una iglesia silenciosa, toda Hostia elevada en la Misa, todo momento en que lo recibimos en la Comunión es la continuación de Belén y de Nazaret. El Verbo que una vez descansó en el seno de María ahora elige descansar en nosotros. En la Encarnación, Dios se desposó para siempre con nuestra historia humana; jamás anulará esta unión. Por eso, ninguna oscuridad de nuestras vidas le es ajena, ninguna alegría es demasiado pequeña para compartirla con Él. Ha hecho de nuestra carne su morada para que nosotros podamos habitar un día para siempre en su corazón. Adorémosle a Él que tanto nos amó y en el silencio de nuestra oración, susurremos con toda la Iglesia: ¡Oh Verbo hecho carne, gloria a ti que has puesto tu morada entre nosotros, lleno de gracia y de verdad!

Gozos

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Niño amable de mi vida
consuelo de los cristianos
la gracia que necesito
pongo en tus divinas manos

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Tú que sabes mis pesares
pues todos te los confío
da la paz a los turbados
y alivio al corazón mío

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Y aunque tu amor no merezco
no recurriré a ti en vano
pues eres Hijo de Dios
y consuelo del cristiano

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Acuérdate o Niño Santo
que jamás se oyó decir
que alguno te haya implorado
sin tu auxilio recibir

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Por eso con fe y confianza
humildes y arrepentidos
llenos de amor y confianza
tu protección te pedimos

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón

Acordaos

Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado de ti. Animado con esta confianza, a ti también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana. No deseches mis humildes súplicas, oh Madre del Verbo divino, antes bien, escúchalas y acógelas benignamente. Amén.