Divino Niño Jesús
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Día 5: El Nacimiento de Jesús

Jesús nace en Belén, es acostado en un pesebre y los ángeles anuncian la buena nueva a los pastores

Oración Diaria al Divino Niño Jesús

Señor Dios, Rey omnipotente: en tus manos están puestas todas las cosas. Si quieres salvar a tu pueblo, nadie puede resistir a tu voluntad. Tú hiciste el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene; tú eres el dueño de todas las cosas. ¿Quién podrá, pues, resistir a tu majestad? Señor, Dios de nuestros padres: ten misericordia de tu pueblo, porque los enemigos del alma quieren perdernos y las dificultades que se nos presentan son muy grandes. Tú has dicho: "Pedid y se os dará. El que pide recibe. Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá. Pero pedid con fe." Escucha, pues, nuestras oraciones. Perdona nuestras culpas. Aleja de nosotros los castigos que merecemos y haz que nuestro llanto se convierta en alegría, para que, viviendo, alabemos tu santo nombre y continuemos alabándolo eternamente en el cielo. Amén.

Lectura Bíblica
Lucas 2, 1-20

Por aquel tiempo, el emperador Augusto ordenó que se hiciera un censo de todo el mundo. 2Este primer censo fue hecho siendo Quirinio gobernador de Siria. 3Todos tenían que ir a inscribirse a su propio pueblo.

4Por esto, José salió del pueblo de Nazaret, de la región de Galilea y se fue a Belén, en Judea, donde había nacido el rey David, porque José era descendiente de David. 5Fue allá a inscribirse, junto con María, su esposa, que se encontraba encinta. 6Y sucedió que mientras estaban en Belén, le llegó a María el tiempo de dar a luz. 7Y allí nació su hijo primogénito y lo envolvió en pañales y lo acostó en el establo, porque no había alojamiento para ellos en el mesón.

8Cerca de Belén había unos pastores que pasaban la noche en el campo cuidando sus ovejas. 9De pronto se les apareció un ángel del Señor y la gloria del Señor brilló alrededor de ellos; y tuvieron mucho miedo. 10Pero el ángel les dijo: "No tengan miedo, porque les traigo una buena noticia, que será motivo de gran alegría para todos: 11Hoy les ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es el Mesías, el Señor. 12Como señal, encontrarán ustedes al niño envuelto en pañales y acostado en un establo." 13En aquel momento aparecieron junto al ángel muchos otros ángeles del cielo, que alababan a Dios y decían:

14"¡Gloria a Dios en las alturas!
¡Paz en la tierra entre los hombres que gozan de su favor!"

15Cuando los ángeles se volvieron al cielo, los pastores comenzaron a decirse unos a otros:

—Vamos, pues, a Belén, a ver esto que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado.

16Fueron de prisa y encontraron a María y a José y al niño acostado en el establo. 17Cuando lo vieron, se pusieron a contar lo que el ángel les había dicho acerca del niño, 18y todos los que lo oyeron se admiraban de lo que decían los pastores. 19María guardaba todo esto en su corazón y lo tenía muy presente. 20Los pastores, por su parte, regresaron dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían visto y oído, pues todo sucedió como se les había dicho.

Reflexión

En la humilde quietud de Belén presenciamos el profundo misterio de la encarnación de Dios. En medio del decreto imperial de un censo que desarraigó a María y José, el Salvador entra en el mundo no en grandeza, sino en un sencillo pesebre, rodeado de los humildes y los pobres. Esta escena nos invita a reflexionar sobre nuestros propios caminos: ¿Cuántas veces nos encontramos desplazados por las exigencias de la vida y sin embargo llamados a abrazar la simplicidad divina? Los pastores, despertados por la gloria angelical, se apresuran a adorar al Rey recién nacido, recordándonos que la revelación de Dios llega al corazón vigilante, no al orgulloso ni al poderoso. Oremos por la gracia de reconocer a Cristo en lo ordinario, rindiendo nuestros planes a su humilde llegada, para que nuestras vidas hagan eco de la paz celestial proclamada en esa noche santa. Mientras meditamos en la Natividad, consideremos la respuesta inmediata de los pastores: "fueron con prisa" a encontrar a María, José y al niño. Su encuentro los transforma en los primeros evangelistas, difundiendo la buena nueva por todas partes. Así también, en nuestra devoción, que nos apresuremos hacia Jesús, permitiendo que su nacimiento renueve nuestra fe e inspire en nosotros compartir su luz en un mundo que anhela esperanza.

Gozos

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Niño amable de mi vida
consuelo de los cristianos
la gracia que necesito
pongo en tus divinas manos

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Tú que sabes mis pesares
pues todos te los confío
da la paz a los turbados
y alivio al corazón mío

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Y aunque tu amor no merezco
no recurriré a ti en vano
pues eres Hijo de Dios
y consuelo del cristiano

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Acuérdate o Niño Santo
que jamás se oyó decir
que alguno te haya implorado
sin tu auxilio recibir

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Por eso con fe y confianza
humildes y arrepentidos
llenos de amor y confianza
tu protección te pedimos

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón

Acordaos

Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado de ti. Animado con esta confianza, a ti también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana. No deseches mis humildes súplicas, oh Madre del Verbo divino, antes bien, escúchalas y acógelas benignamente. Amén.