Divino Niño Jesús
7

Día 7: Los Magos Vienen a Adorar a Jesús

Los Magos siguen la estrella, encuentran al Niño con María y le ofrecen oro, incienso y mirra

Oración Diaria al Divino Niño Jesús

Señor Dios, Rey omnipotente: en tus manos están puestas todas las cosas. Si quieres salvar a tu pueblo, nadie puede resistir a tu voluntad. Tú hiciste el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene; tú eres el dueño de todas las cosas. ¿Quién podrá, pues, resistir a tu majestad? Señor, Dios de nuestros padres: ten misericordia de tu pueblo, porque los enemigos del alma quieren perdernos y las dificultades que se nos presentan son muy grandes. Tú has dicho: "Pedid y se os dará. El que pide recibe. Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá. Pero pedid con fe." Escucha, pues, nuestras oraciones. Perdona nuestras culpas. Aleja de nosotros los castigos que merecemos y haz que nuestro llanto se convierta en alegría, para que, viviendo, alabemos tu santo nombre y continuemos alabándolo eternamente en el cielo. Amén.

Lectura Bíblica
Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén, un pueblo de la región de Judea, en el tiempo en que Herodes era rey del país. Llegaron por entonces a Jerusalén unos sabios del Oriente que se dedicaban al estudio de las estrellas 2y preguntaron:

—¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos salir su estrella y hemos venido a adorarlo.

3El rey Herodes se inquietó mucho al oír esto y lo mismo les pasó a todos los habitantes de Jerusalén. 4Mandó el rey llamar a todos los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley y les preguntó dónde había de nacer el Mesías. 5Ellos le dijeron:

—En Belén de Judea; porque así lo escribió el profeta:

6"En cuanto a ti, Belén, de la tierra de Judá,
no eres la más pequeña
entre las principales ciudades de esa tierra;
porque de ti saldrá un gobernante
que guiará a mi pueblo Israel."

7Entonces Herodes llamó en secreto a los sabios y se informó por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. 8Luego los mandó a Belén y les dijo:

—Vayan allá y averigüen todo lo que puedan acerca de ese niño; y cuando lo encuentren, avísenme, para que yo también vaya a rendirle homenaje.

9Con estas indicaciones del rey, los sabios se fueron. Y la estrella que habían visto salir iba delante de ellos, hasta que por fin se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. 10Cuando los sabios vieron la estrella, se alegraron mucho. 11Luego entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre; y arrodillándose le rindieron homenaje. Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra. 12Después, advertidos en sueños de que no debían volver a donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Reflexión

En el tranquilo amanecer de Belén, los Magos, sabios de tierras lejanas, siguieron una estrella que perforó la noche ordinaria, guiándolos hasta el humilde establo donde el Rey de Reyes yacía en un pesebre. Su viaje nos recuerda que la verdadera sabiduría no se encuentra en palacios ni en el poder, sino en la humilde adoración de Cristo. Le ofrecieron oro por Su realeza, incienso por Su divinidad y mirra por Su amor sacrificado, enseñándonos a rendir nuestros tesoros, nuestro tiempo, talentos y corazones a los pies de Jesús.

Al rezar esta novena, caminemos en las huellas de los Magos, permitiendo que la estrella de la fe nos guíe a través de los desiertos de nuestras propias vidas: a través de la duda, la distracción o las búsquedas mundanas. Que nosotros como ellos, depositemos nuestros tesoros a los pies de Jesús: nuestro tiempo en oración, nuestros talentos en servicio, nuestros corazones en rendición. En la Eucaristía, en la Sagrada Escritura y en el silencio de la adoración, Cristo se revela a quienes lo buscan. Pidamos al Espíritu Santo que encienda en nosotros el mismo asombro y valentía, para que no solo adoremos al Rey Infante, sino que llevemos Su luz a un mundo que la necesita.

Gozos

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Niño amable de mi vida
consuelo de los cristianos
la gracia que necesito
pongo en tus divinas manos

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Tú que sabes mis pesares
pues todos te los confío
da la paz a los turbados
y alivio al corazón mío

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Y aunque tu amor no merezco
no recurriré a ti en vano
pues eres Hijo de Dios
y consuelo del cristiano

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Acuérdate o Niño Santo
que jamás se oyó decir
que alguno te haya implorado
sin tu auxilio recibir

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Por eso con fe y confianza
humildes y arrepentidos
llenos de amor y confianza
tu protección te pedimos

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón

Acordaos

Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado de ti. Animado con esta confianza, a ti también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana. No deseches mis humildes súplicas, oh Madre del Verbo divino, antes bien, escúchalas y acógelas benignamente. Amén.