Divino Niño Jesús
8

Día 8: La Huida a Egipto

Advertido en sueños, José huye con María y Jesús a Egipto para escapar del decreto de Herodes

Oración Diaria al Divino Niño Jesús

Señor Dios, Rey omnipotente: en tus manos están puestas todas las cosas. Si quieres salvar a tu pueblo, nadie puede resistir a tu voluntad. Tú hiciste el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene; tú eres el dueño de todas las cosas. ¿Quién podrá, pues, resistir a tu majestad? Señor, Dios de nuestros padres: ten misericordia de tu pueblo, porque los enemigos del alma quieren perdernos y las dificultades que se nos presentan son muy grandes. Tú has dicho: "Pedid y se os dará. El que pide recibe. Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá. Pero pedid con fe." Escucha, pues, nuestras oraciones. Perdona nuestras culpas. Aleja de nosotros los castigos que merecemos y haz que nuestro llanto se convierta en alegría, para que, viviendo, alabemos tu santo nombre y continuemos alabándolo eternamente en el cielo. Amén.

Lectura Bíblica
Mateo 2, 13-18

13Cuando ya los sabios se habían ido, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo."

14José se levantó, tomó al niño y a su madre y salió con ellos de noche camino de Egipto, 15donde estuvieron hasta que murió Herodes. Esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: "De Egipto llamé a mi Hijo."

16Al darse cuenta Herodes de que aquellos sabios lo habían engañado, se llenó de ira y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo que vivían en Belén y sus alrededores, de acuerdo con el tiempo que le habían dicho los sabios. 17Así se cumplió lo escrito por el profeta Jeremías:

18"Se oyó una voz en Ramá,
llantos y grandes lamentos.
Era Raquel, que lloraba por sus hijos
y no quería ser consolada
porque ya estaban muertos."

Reflexión

Mientras rezamos esta novena, pongámonos a su lado en ese camino solitario. María lleva en su seno al Niño que es la Luz del mundo, pero por ahora esa Luz debe permanecer oculta para que no sea apagada. José camina delante, protegiendo a las dos almas más preciosas que jamás le fueron confiadas a un hombre, sabiendo que los soldados de Herodes buscan la vida del Único a quien ama más que a sí mismo. En su obediencia, en su pobreza y en su silencio vemos el modelo perfecto de confianza. Ellos no piden señales ni explicaciones; simplemente se levantan y parten porque Dios ha hablado. Aprendamos de ellos a responder con la misma fe pronta y generosa cuando el Señor nos pida dejar nuestras propias seguridades, nuestros planes, incluso nuestros "Belén" y seguirlo hacia lo desconocido, llevando a Jesús en el corazón adondequiera que nos conduzca el camino de la providencia. Santa Familia de Nazaret, ruega por nosotros, para que nunca temamos la huida que Dios nos pide, sabiendo que dondequiera que vayamos con Jesús y María, ya estamos en casa.

Gozos

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Niño amable de mi vida
consuelo de los cristianos
la gracia que necesito
pongo en tus divinas manos

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Tú que sabes mis pesares
pues todos te los confío
da la paz a los turbados
y alivio al corazón mío

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Y aunque tu amor no merezco
no recurriré a ti en vano
pues eres Hijo de Dios
y consuelo del cristiano

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Acuérdate o Niño Santo
que jamás se oyó decir
que alguno te haya implorado
sin tu auxilio recibir

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón


Por eso con fe y confianza
humildes y arrepentidos
llenos de amor y confianza
tu protección te pedimos

Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón

Acordaos

Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado de ti. Animado con esta confianza, a ti también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana. No deseches mis humildes súplicas, oh Madre del Verbo divino, antes bien, escúchalas y acógelas benignamente. Amén.