Día 9: El Niño Jesús en el Templo
A los doce años, Jesús es hallado en el Templo entre los doctores, declarando que debe estar en la casa de su Padre
Señor Dios, Rey omnipotente: en tus manos están puestas todas las cosas. Si quieres salvar a tu pueblo, nadie puede resistir a tu voluntad. Tú hiciste el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene; tú eres el dueño de todas las cosas. ¿Quién podrá, pues, resistir a tu majestad? Señor, Dios de nuestros padres: ten misericordia de tu pueblo, porque los enemigos del alma quieren perdernos y las dificultades que se nos presentan son muy grandes. Tú has dicho: "Pedid y se os dará. El que pide recibe. Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá. Pero pedid con fe." Escucha, pues, nuestras oraciones. Perdona nuestras culpas. Aleja de nosotros los castigos que merecemos y haz que nuestro llanto se convierta en alegría, para que, viviendo, alabemos tu santo nombre y continuemos alabándolo eternamente en el cielo. Amén.
41Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. 42Y así, cuando Jesús cumplió doce años, fueron allá todos ellos, como era costumbre en esa fiesta. 43Pero pasados aquellos días, cuando volvían a casa, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres se dieran cuenta. 44Pensando que Jesús iba entre la gente, hicieron un día de camino; pero luego, al buscarlo entre los parientes y conocidos, 45no lo encontraron. Así que regresaron a Jerusalén para buscarlo allí.
46Al cabo de tres días lo encontraron en el templo, sentado entre los maestros de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47Y todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. 48Cuando sus padres lo vieron, se sorprendieron; y su madre le dijo:
—Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia. 49Jesús les contestó:
—¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre? 50Pero ellos no entendieron lo que les decía.
51Entonces volvió con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndolos en todo. Su madre guardaba todo esto en su corazón. 52Y Jesús seguía creciendo en sabiduría y estatura y gozaba del favor de Dios y de los hombres.
En este pasaje encontramos al joven Jesús en el Templo, entre los doctores, escuchando y preguntando con una sabiduría divina que deja asombrados a todos los que le oyen. María y José, tras tres días de angustiosa búsqueda, lo encuentran allí y sus palabras "¿No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?" revelan su profunda conciencia de su misión y de su identidad como Hijo de Dios. Este misterio nos invita a contemplar los años ocultos de la vida de Cristo, en los que, incluso siendo niño, nos da ejemplo de obediencia perfecta a la voluntad del Padre y al mismo tiempo nos enseña sobre el dolor de la separación y la alegría del reencuentro en la fe. Mientras rezamos esta novena, reflexionemos sobre nuestro propio camino espiritual: ¿Cuántas veces perdemos de vista a Jesús en medio del ajetreo de la vida, para volver a encontrarlo en el "templo" de la oración, la Sagrada Escritura o la Eucaristía? Como María, que guardaba todas estas cosas en su corazón, que nosotros también crezcamos en sabiduría y gracia, confiando nuestras preocupaciones a Dios y procurando alinear cada vez más nuestra vida con su plan divino. Por intercesión de la Sagrada Familia, concédenos la fuerza para permanecer fieles incluso cuando el camino parece incierto.
Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón
Niño amable de mi vida
consuelo de los cristianos
la gracia que necesito
pongo en tus divinas manos
Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón
Tú que sabes mis pesares
pues todos te los confío
da la paz a los turbados
y alivio al corazón mío
Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón
Y aunque tu amor no merezco
no recurriré a ti en vano
pues eres Hijo de Dios
y consuelo del cristiano
Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón
Acuérdate o Niño Santo
que jamás se oyó decir
que alguno te haya implorado
sin tu auxilio recibir
Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón
Por eso con fe y confianza
humildes y arrepentidos
llenos de amor y confianza
tu protección te pedimos
Oh Divino Niño
mi Dios y Señor
tú serás el dueño
de mi corazón
Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado de ti. Animado con esta confianza, a ti también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana. No deseches mis humildes súplicas, oh Madre del Verbo divino, antes bien, escúchalas y acógelas benignamente. Amén.
